martes, 1 de abril de 2008

Aló ¿Safo?

Drina. Ese es el nombre que a mi amigo Roberto lo tiene furioso. Fui sin aviso a su casa el jueves pasado y ahí estaba justo llamando a su polola Romina. Me abrió la puerta celular en mano. Entré y él seguía hablando amorosamente hasta que cambió su semblante. Desde ahí habló con frases cortas y lacónicas y casi al instante colgó. “Qué te pasa”, le dije. “Puta me descoloca una amiga de Romina”. “¿Y por qué? “Parece que son lesbianas”. Lancé una risa al aire y le pedí las disculpas pero es que encontré tan descabellado el comentario que no pude contenerme. “Y por qué piensas semejante cosa?”.”Mira Toña yo tengo amigos desde siempre, tú sabes y ninguno se comporta como Drina, al contrario, ella actúa con Romina como lo haría un pololo celoso”. “Y cómo vendría siendo eso? “Me he ido a dormir con Romina durante los tres últimos fines de semana y la Drina ha hueviado marcialmente en los tres, la llama todo el día y como Romina no contesta le manda mensajes onda “la verdad es la mentira, si no quieres ser mi amiga no importa, yo voy donde nadie va....”, eso a las 3 de la mañana después de bombardear durante todo el día”. “Pero y que tiene eso”. “Es que uno hace eso cuando está obsesionado y lo hace con alguien íntimo, como cuando alguien le pide explicaciones a su amante porque lo dejo solo, un amigo es íntimo pero no en ese sentido de acoso permanente, eso lo hacen los esposos celosos o las esposas celosas”. “No logro entenderte”. “Bueno, al final, cuando yo me vuelvo al departamento, invariablemente llamo a Romina para darle las buenas noches, e invariablemente ha sucedido que en algún momento me dice: “está Drina acá”, y cuando entramos en la semana, invariablemente almuerza una o dos veces con ella, hasta que otra vez llega el fin de semana”. “Yo creo que te pasas puros royos”. “Puede ser, pero la cosa sigue y Romina no le pone un parelé, dice que la quiere mucho””¿Y?” “Na poh, Drina me tiene chato”.

martes, 26 de febrero de 2008

Jealous Guy

Existe una línea de posesión siempre latente en todo el mundo. Pero a mi ex se le pasó la revolución y esa línea se transformó en una huella pesada y de ahí en un misil direccionado hacia sus seres más cercanos. Encima ahora con el asesinato del martillero público a manos del zar de la educación me puse a pensar en las locuras que ha hecho Roberto y en hasta dónde puede llegar un mono celoso. La culpa es de su vieja que lo crío mamón e inseguro. A veces nosotras nos transformamos en objetos malditos para nuestros hijos. No ha llegado a violentarme físicamente pero es fino para mortificar mi cabeza. Recuerdo la vez que llegó temprano a verme y habían dos tazas sucias en el lavaplatos. Cuando salió de la cocina entró a todas las piezas del departamento fingiendo buscar su ecuación. Fue tan patético. Y sufre. Y sufro. Me decía después que él busca que sea cierta toda su imaginería para no sentirse tan estúpido y culposo. Saciar su X de la incógnita con una solución a la medida de sus miedos. Encontrar la culpable, quedar como santo. Mi clave ahora es llorar lo más pronto posible cuando entra en trance. Eso lo descoloca y lo calma. No creo que sea porque busque hacerme llorar sino que se da cuenta que todo es una alegoría de sus derrotas y que no merezco ese plato de fondo. Y siempre no hay nadie más. Y si hubiese no importa porque el sufrimiento uno lo lleva en sí misma y no en el reflejo triste de nuestras carencias. Hoy no somos pareja y lo hecho de menos, no hay día en que no hablemos, a veces vamos al cine y conversamos mucho tiempo sobre nuestros proyectos. A veces bebemos un happy hour. Hasta que va en el tercer ron cola y comienza a violentarse. Entonces le doy un beso y me retiro en paz. Después, también a veces, él me llama para increparme porque me fui. Recuerdo las tazas otra vez y el departamento se ha agrandado hacia las cornisas de la ciudad y me da una pena enorme. Después desaparece. Supongo por la vergüenza. Y continuamos llamándonos siempre, porque me interesa su voz, porque al final, de algún modo completamente humano, también le interesa mi voz.

lunes, 14 de enero de 2008

Castradas


Me he desilusionado un poco más del género. Todavía no logramos pasar a la otra etapa. Bueno, los monos tampoco. En un encuentro de amigas, todas profesionales, con buenas situaciones económicas y bastante liberales, no había una que no tuviese un drama, qué drama, una sumisión por un hombre. Como dijo Camila “son mis sentimientos los que no puedo evitar”. Eran como las damas de las camelias, pero peor. Por lo menos la dama de las camelias era una romántica de otro tiempo, de esas que “mueren de amor”. Acá todas en su momento vociferaron sobre los derechos de género, los femicidios y toda la vaina del avance de género y todas, a la vez, observando su tótem inalcanzable, dispuestas a hablar de los malditos hombres pero no de su hombre. “Sé todo lo que tengo que saber, estoy segura que no me eligió, pero no lo puedo olvidar”. “Qué le voy a hacer si soy así”. “Si pudiera, créeme que lo dejaría”. Entonces percibía cuan fácil es maltratar al género desde nuestras matronas de avanzada, como si ya antes los abuelos nos hubieran castrado en las palabras y los actos de la abuela. O como un eterno retorno a la muchedumbre primitiva cuando nos agachábamos a tomar agua y el monosapiens nos cogía sin aviso. Más mal aún. Este grupo de avanzada de amazonas liberales concientemente esperaban y deseaban que alguna vez el mono, el abuelo o su príncipe atroz, las eligiría para cogerlas semidesprevenidas. Entonces recordé la vida de mis tías y su estupidez monogámica. Pensé en la tía Raquel y sus santos domingos, viuda a los 35, ahora con 59, y que por mandato del cabrón del abuelo nunca se le ocurrió continuar con su vida o intentar una nueva pareja, o a mi tía Paz que espera que mi tío que tiene no sé cuántos hijos por fuera esté “viejito” para cuidarlo y tenerlo sólo para ella. Y veo a mis amigas y las veo a ellas y me dan ganas de escupirlas por estúpidas. Pero me contengo, y me doy cuenta que quizá esté sola. Y amargada. Después respiro y veo una niña jugando a la pelota fuera de la cafetería .

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Vampira



Ningún hombre me ha querido prestar su cuello para sacarle sangre. Todos han puesto un pero. La sensualidad de sacar vida desde un lugar tan terso y primitivo como el cuello me excita. Así matan los depredadores. Muerden, rompen la yugular y destrozan la tráquea. Lo mío es más suave. Pasar la lengua y limpiar el sitio del suceso. Aprovechar ese momento en que él está indefenso. Un acto de fe que me calienta. Una posesión de piel, sangre, muerte y vida. El sexo sólo llega a ser una conclusión erótica de un cuadro ya erótico. Entre las sombras de nuestros cuerpos, entre las sábanas deshechas, la sangre funde un pacto sin trascendencia más que el placer de ser ama. La depredadora. No busco esposo ni novio. Busco un instante, un espacio que ilumine mi abominación como si una estrella destellara en mi pieza con un rojo oscuro y tibio. Probar la sal de la sal. Más sal después del sexo, más fluidos después de los fluidos. La vida sintetizada entre sudores y el acto primordial de una mordida ardiente.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Juego Sucio


Me vengué con el viejo que iba parado en el pasillo de la micro 14. Nunca viajo en micro pero necesitaba dar un paseo, no estar oprimida en el colectivo. Que hubiese aire mientras viajaba. Al viejo sucio lo reconocí a la primera. Una vez que subió miró en panorámica y se quedó en mis piernas. Hurgando para tratar de ver más arriba de la basta de mi mini de jeans. Yo sé que todos los hombres son calientes. Las mujeres igual. Pero hay un tipo de mirada que más que asustar asquea. Y como mi estúpida pareja me dejó, calenté al viejo para tener el poder por un rato. Dolorosamente. Con la rabia del rechazo. Abrí mis piernas para que se viera lo justo. Quizá el color de mi colaless. Pero en la mayor parte sólo sombras. Me corría un poco hacia adentro del pasillo, buscando con mis piernas las piernas del pasajero de la ventana. Y el viejo se corría para seguir sobajeando sus ojos conmigo. Entonces recordaba los ojos de Roberto y esa ternura pérdida que me llamó la atención. Me molestó reconocerlo. Y seguí provocando al viejo que con una mano se sostenía de la barra del techo de la micro y con la otra se tapaba la erección aumentando el bulto de su bolsillo izquierdo. Una sensación de vacío me hizo comprender que no podría vivir así. Odiando. Seca por fuera y por dentro. Una vez nos masturbamos con Roberto desde el chat, a pura imaginación, como debe ser. Las palabras nos mojaban y en cada tecleo más me sentía conectada. Como si fuese una contradicción hermosa. Pero estoy pasando la esquina donde debo bajarme. Me paro bruscamente. El viejo se asusta porque lo miro a los ojos. No sé qué le digo con la mirada. Saca su mano del pantalón y se pone rojo. Esbozo una sonrisa y bajo de la micro. Vacía. Como subí.

martes, 23 de octubre de 2007

Nadie sabe

Me estuve volviendo loca. En medio de tres amigos. Mi amiga Mariana pololea con mi amigo Rubén, y Rubén se tira a Marcela. Ya aprendí hace mucho a no meterme. El tema es que soy amiga de los tres desde hace por los menos 10 años y los quiero a todos entrañablemente. Así es que me quedo calladita mientras todo sucede. Podría ser sólo una sapa más del lote de las aburridas, de las que no tienen vida pero no. Salgo mucho con ellos ¿podría decir por separado? Salgo sola con Mariana, y sola con Marcela y sola con Rubén. También salgo con Mariana y Rubén y con Marcela y Rubén. Y lo paso bien de todas formas. Seré una puta amistosa, cínica. No. Todos somos grandecitos y los signos están a la mano, lástima que cuando estás enganchada no los veas pero bueno, no es tan así. Marcela sabe de Mariana pero no viceversa. Si me preguntaran diría: pregúntale a él. Esa es la clave: la panorámica de los sentimientos la tiene Rubén. Y ellas no son sus títeres. Alguna vez fui un títere, pasó algún tiempo hasta que pude ver en conciencia y decidí ser títere. Hasta que todo acabó ¿así será siempre?
Salimos del condominio donde vivo junto a Gonzalo y su señora, Sofía. Nos acompaña Rubén. Casi al llegar a la puerta se nos adelanta una hermosa jovencita, de unos 18 años, vestida de negro, elegante, voluptuosa. Rubén la mira como el mandril alfa que quiere a una mona de la camada, Sofía se impacta y yo hago muecas gesticulando como si a Rubén le crecieran los colmillos. “Tú tienes una hija, Rubén”, dice Sofía. “¿Y?", responde Rubén. Y veo la crudeza de la realidad de la mujer en la cara de Sofía. Ve pasar a la niña y sabe que no puede competir, ve su sombra de juventud y sabe que por más cirugías que se pueda hacer, que por más que se cuide, la luz de los senos y la luz de las caderas y la luz de las piernas de la muchacha encandilan los ojos de los hombres. Entonces me veo yo y me asusto de esa premonición.

martes, 9 de octubre de 2007

Golfistas y cadis



Emilia, una amiga antigua, de esas que te encuentras después de harto tiempo y te reconoces y te conectas en pocos minutos, como si nunca hubiese pasado un pedazo de vida, me invitó a un asado. Nada qué hacer, viernes sin happy hours. Me animé. Era donde su amiga Nuri, ingeniera comercial de la norte que hablaba como si fuese una cuica de las más alcurniosas. Pero una raíz, una pequeña mueca falsa y enseguida podías saber que era de la provincia, que por el estudio había escalado alguna posición. No era para nada desagradable pero ese rasgo la hacía poco interesante, derechamente tonta. Los demás fueron llegando y ese mismo aire medio cuico, algo estirado y sin sustancia fue llenando el lugar. Emilia quizá era la única real en ese espacio. Me llamó la atención por qué se juntaba con esa gente si hasta en la luz más baja ella se veía distinta. La soledad, me dije, la misma que hoy me trajo acá. Entonces llegó German, apurado, como si viniera de algo intenso e importante o quizá como si quisiera que lo dejáramos descansar un rato después de una larga jornada. En su mano derecha traía algo. Al comienzo pensé que era un palo de pool o algo así, pero no. Un brillante y largo palo de golf se asomaba delante de mis ojos que a estas alturas ya estaban un poco desorbitados por el vino blanco helado que había bebido. German se sentó en el sillón moviendo sus brazos con efusividad mientras relataba cómo lo habían tratado de asaltar y con qué pericia había logrado zafarse del maleante a puros golpes de golf. Era entretenido, chistoso. Hasta que un rato después supe que era un empresario exitoso del sur que estaba instalando una empresa de ingeniería en la zona. Algo no me calzó al ver la cara sobre todo de Nuri que a su vez se esmeraba por parecer más refinada y cuica que antes. Bebí hasta que me sentí con sueño y me fui. A los tres días me reencontré con Emilia quién estaba muy nerviosa porque su pololo, un ingeniero de la pampa, estaba de cumpleaños y no había encontrado el regalo que quería. “Carlos juega golf y no sé dónde hay artículos de golf en Antofagasta”, me dijo. “Ubica a German, el del asado, él por lo que se vio juega golf también”, contesté. Emilia llamó a Nuri quien a su vez llamó a German quien recomendó fuéramos al Mall porque ahí habían artículos de golf. No sé cuántas vueltas nos dimos por ese maldito lugar. Cuatro a lo menos. Emilia llamó a Nuri. German esta vez no contestó. Nuri llamó a su amiga Rosa que ubicaba a German de la Xtres . Rosa le dio el número telefónico de la empresa donde trabajaba German porque conocía a otro ingeniero de ahí. “Aló”, dijo Nuri“. ¿Sí?”. “Se encontrará German García”. “Disculpe ¿quien dijo?”. “German García, el gerente”. “Señorita, el único German García que trabaja aquí es el junior pero en estos momentos no se encuentra”. Y Nuri lanzo un ramillete de chuchadas al aire perdiendo toda esa fineza que exhibió cuando la conocí en el asado.