miércoles, 23 de febrero de 2011

Chico

No sé qué fijación tienen los hombres con el sexo anal. Estuve conversando con mi amiga Carla y me decía que era porque la cavidad es más estrecha y hay más roce y eso a los monos, como es obvio, les encanta. Tengo mis dudas. Algo de eso debe haber pero la insistencia de algunos, o mejor dicho la obsesión, me ha hecho sentirme objeto. No se trata de entregarlo o no, igual es rico, sino más bien de sentir que es parte de y no el objetivo final. Así como me lo hizo sentir mi amorcito que se tomó su tiempo para que la experiencia fuera un goce mutuo y una alternativa erótica más en nuestro itinerario sexual. Su técnica fue sublime, por lo menos para mí. Fuimos a ver la película el Cisne Negro y quedamos maravillados. Comenzó por molestarme preguntándome si yo era perfecta. “No”, le contesté. “¿Y estás dispuesta a pagar cualquier costo, como la protagonista de la película, para ser perfecta?” replicó. “Por supuesto que no”, le dije tajante, sonriendo. “Ah, qué bueno”, respondió mirándome las tetas. Esa conversa encendió la mecha y terminamos en su depto encamados, intentando alcanzar la perfección de un modo menos siniestro y mucho más satisfactorio que Naty Portman en su función de cisne negro. Comenzó por chuparme la concha con mi cuerpo tendido en la cama, iba de arriba abajo con suavidad hasta que me mojé y le acaricié el pelo y me puse a gemir, entonces él alternó lentamente el paso de su lengua por mi cosa y mi clítoris, con la introducción de su dedo en mi culo. El ejercicio me gustó aun más y metí su cara entre mis piernas y él respiró profundo y me metió su nariz en mi concha y lengüeteó mi orto y continuó yendo de arriba abajo, de la lengua a sus dedos, de sus dedos a mi ano y así hasta que estuve a punto de acabar. Luego, con un movimiento rápido, como para que mi placer no se alejara, puso mis piernas en sus hombros y comenzó a tantear mi culo que a esas alturas pedía lo suyo. Me introdujo su pico de a poco mientras acariciaba mi clítoris en una procesión en ascenso que terminó con un orgasmo espectacular. Más tarde, abrazados, sólo por la mecánica de la memoria, le pregunté a mi amorcito por qué a los hombres les gustaba tanto el sexo anal. “No sé, es rico. Quizás sea por lo primitivo, una especie de sumisión primigenia, algo así como la satisfacción total de haber cazado y domado en la intimidad y en lo más profundo a tu presa. Pero más suave y compartido. Más contemporáneo. Mejor”, respondió.

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jueves, 25 de noviembre de 2010

Baby Doll


Estoy clara después de pasar por dos machos alfa. Quedé preparada para saber cómo sostienen los maltratos. “Me tenís chato”. “…”. “Necesito espacio”. “…”. Y todo con esa autoridad que imprimen a sus palabras y sus gestos que, llevadas al otro lado de la cancha, cuando seducen, resultan aniquiladoras para nosotras. Porque, siendo sincera, cada vez que pasaba sentía que tenía la culpa, preguntándome cómo podía ser tan estúpida para incomodar a esos dioses. Pero claro, al final terminas dándote cuenta que nada es blanco y negro, y que los matices van de aquí para allá paseándose por nuestros corazones, y que al fin y al cabo te fastidias odiando esos gestos y odiándote a ti misma por no poder salir del ridículo círculo. Porque ¿quién quiere vivir sufriendo? Así es que en esta pasada mandé a la mierda a la primera a mi último pololo. Porque no merecía que me tratará así, como si fuese un mueble, un obstáculo que obstruye sus salidas a sus pichangas o a sus tobys, como si yo no lo permitiera. A la mierda nomás. Vira. Con rabia, con la mala onda acumulada por los recuerdos y los tics. Y otra vez lo de siempre, la culpa imponiendo la acción, el weveta llamando por teléfono como si nada, diciendo: “¿Y qué vamos a hacer hoy?” “Nada, esto te va a costar una buena arrastrá”. Y por supuesto, con el ego medio abajo, buscando mimarme un poquito, sentirme poderosa y rica. Y por su puesto también yendo al mall plaza, caminando en el culebreo de los antofagastinos, llegando al mural de la casa gibss, mirando a las señoras pintadas en la pared que pasean con sus sombrillas sobre sus cabezas, amarradas del brazo de señores con mostacho, y preguntándome si habrán sentido lo mismo que yo. Y él llamando otra vez para invitarme a cenar. Y yo diciendo “no sé”, cortando en seguida. Y él llamando otra vez. Y yo entrando a la butik enamorándome de un baby doll blanco. Y él llamando a mi puerta. Y yo con el baby doll puesto. Y él culeándome con la mirada. Y yo metiéndome en la cama, tapándome, pudorosa. Y él humildemente diciéndome “vístete, salgamos a cenar. Disculpa”. Y yo pensando que en el fondo nos parecemos mucho, aunque las formas se miren desde lejos. Atrayéndose.


jueves, 11 de noviembre de 2010

Regla

Cuando estoy con la regla debo cuidarme ¿cuál será el mapa químico de la regla traducido en la cabeza? Había dejado hace un tiempo mis miedos, los cambié por lo habitual que hace una persona para vivir mejor. Un novio relajado, gozar de lo que hago en el trabajo. Traducir mis emociones con gente que amo. Existir esperando la nada sin mayor convicción que saberme amada y, sobretodo, amando. Mi novio me ha dicho que ha vuelto a Antofagasta una puta premium con la que son amigos. Escort le dicen los siúticos. Sí, puta, como yo, como todas, pero de verdad. Y estupenda, y brasileña. Nada que decir. Él se la tiraba antes que a mí y me contó para que todo fuera en “regla”. Y claro, a mi la regla me ha tocado el alma y no puedo dejar de pensar en que ella es más joven y hermosa que yo. Que quiero terminar con él porque no aguanto saber si se contacta con ella. Que siento que no avanzamos y me dan ganas de saber cada detalle de lo que hace. De entrar a su correo para mirar su historial del chat. Pero no. En el fondo, y avergonzada, caigo en cuenta que sólo me interesa que ella se vaya porque es puta y yo profesional, y que es más linda que yo, y no puedo competir. Entonces llamo a Roberto. Él me dice que espere que la regla se acabe. Que no puedo comenzar de nuevo a vivir así porque sufro y sufren a mi alrededor. Que le diga a mi novio que me deje quieta y sola por un rato. Y que cuando la química aclare, vea qué siento introven de mí.


martes, 7 de septiembre de 2010

Alfas, betas y demases



Como siempre, andaba puteando. Me he sentido bien. Nada en mi ha cambiado, pero sí he visto de otro modo el mundo. Sexualmente hablando tuve una experiencia religiosa que me dejó saciada y feliz. Lo bueno dura poco. Así es la mecánica. Al fin y al cabo no me siento mal sola. Tendré que seguir buscando nomás. Aunque parafraseando a Molotov: “más vale chola que mal acompañada”. A lo que iba: comprendí que somos iguales que los hombres. Por lo menos en un aspecto impresionantemente real que, sin embargo, resolvemos desde nuestra bien puesta femeneidad. Aunque, no sé si para regocijo o desilusión.


Habemos minas alfas y minas betas. Y están las demás. Igual que los machos alfa y los de la manada. Me di cuenta por mi amigo Roberto, o comencé a unir los hilos por sus coments. Ey, no me refiero a que hay gerentas y nanas. O putas. Sin menospreciar. Es el modo de ganarse los espacios. Las artes, como diría Roberto. De hecho esto comenzó por su descripción de algo que llamó “Artes escénicas”. “Mmmmmmyiaaaaaaaaaaaa... ¿y?”, le pregunté. “Bien, me dijo Roberto, a la minita le diré Ricardita porque quizás la conozcas. A ella las demás minas le tienen mala por rica. En realidad no le tienen mala. Le temen. Es que todos los locos la miramos con deseo. Es cuestión de estar en un carrete y esperar que los monos se tomen unos copetes y listo. Ojos desorbitados. Yo creo que no hay nada peor que juntar dos floreros de mesa”-me decía Roberto con efusividad, como de costumbre cuando tira una de sus latas entre sus historias-. “En todo caso lo más chistoso –continuó- es cuando hay un florero histérico y otro solapado. O dos histéricos y uno solapado. O al revés. Floreros al fin. Ganará la más rica. No importa de qué tipo sea. Así somos los monos. Monos. A Ricardita las minas no la invitan a sus cumpleaños. La evitan cuando pueden. Por cuática, por comehombres, por incitadora. Es la puta del lote. La moscamuerta. Encima baila sin preocuparse. Entiende que es el copete el que nos deja así a los monos. Pero no asimila la competencia porque no compite. Y si compite es por su mino. Nadie más. Siendo honesto me da gusto verla bailar. Como que comprendo de forma natural un par de cosas y me río de mi mismo. De cómo la miro y la veo. Al final de cómo me calienta, hasta que me veo diciéndole a mi polola. “A chucha, sorry mi amor, no la estaba mirando…”


Me quedé pensando un rato después de que Roberto me contó la historia. Quedé escaneando un par de sensaciones que me habían asaltado en otros lugares y otras situaciones menos festivas. Entonces se me vino a la superficie toda la gama de técnicas y estrategias que las minas utilizamos en contra de otras minas, inseguridades traducidas en actos concretos. Me dio un poco de vergüenza porque tantas veces a esas renuncias les llamamos amor o cosas por el estilo. Y la verdad que es miedo o en los casos más horrendos la sola búsqueda de poder y vigencia. Igualito que un macho alfa. La belleza y la fealdad no se dan nunca sólo en el plano físico. Recordé a mi amiga Mariela cuando con su inteligencia y honestidad logró subir a lo más alto en la universidad donde trabajaba, y cómo una vieja arpía le había hecho la cama poniendo en contra de ella a sus compañeros de trabajo más cercanos. Cómo la vieja zorra había notado las debilidades y miedos de los funcionarios para convencerlos de que Mariela les robaría su trabajo. O la vez que un amigo se encontró conmigo y Violeta por puro azar y terminamos baliando en la disco cagaos de la risa, y cómo al finalizar el carrete nos pidió encarecidamente que no le dijéramos a su señora que habamos salido esa noche, como si hubiésemos estado haciendo algo malo, como si nosotras fuéramos culpables de algo. Entonces al instante se me viene la cara y el cuerpo de Violeta y caigo en cuenta que es como Ricardita, que las otras minas no la invitan a sus cumpleaños, que siempre hablan de ella como si fuese una extraterrestre, aunque cuando se encuentran con ella hacen como si no pasara nada. Yo no sé qué letra del alfabeto griego seré. Lo que sí sé es que no quiero ir a esos cumpleaños, y que al final, como dijo con una sensatez sobresaliente un flaite de la Chimba Alto City : ”hoy no buskare solo esperare (: pongamole play =p”.

martes, 10 de noviembre de 2009

Comemos Peucos

Se acaba de ir mi peuco. Quedé una vez más sola. Esta vez no siento desolación. Se fue. Voló. Los peucos son aves de rapiña. Pero yo como peucos. Varias amigas comen peucos también. Antes éramos sus presas. Los muy jetones volaban en círculos esperando atraparnos. Creo que aún piensan lo mismo. Y comían nuestros corazones lentamente. A picotazos cortos. En carne viva. Nosotras, con el corazón abierto, esperábamos que en algún momento nos miraran a los ojos y se compadecieran. Y nos amaran. O por lo menos supieran que entregar el corazón en carne viva no es cualquier cosa. Pero nada. Ahora vuelan alrededor. Vuelven. Le damos los restos que dejaron otros peucos. Y la rueda sigue. Ellos vuelan. Nosotras, en el suelo, vamos dejando sus plumas en una cajita de música. Les vamos quitando su mirada majestuosa. Con cada jadeo, mordemos sus espíritus. Los vaciamos. Llegará el momento en que no volverán. Y no volarán. Entonces tendremos sus plumas. Una a una. Y dentro de nosotras, el vagar de mil espíritus de peucos intentando volar más allá de nuestros corazones.


lunes, 18 de mayo de 2009

Alternancia en el poder

He estado ocupada. Se nota. El blog padece de polvillo y olor a encierro. Abrí las cortinas y por fin tengo algo que decir. Resumo lo que viene con la palabra libertad. Roberto aún sigue conmigo. Pero no es el único. He ido variando mi vida y mi cuerpo en tres partes. Cada una y cada uno en su justa disposición. En mi perfecta necesidad. Me cansé de intentar encontrar al hombre completo. Yo no soy completa. Puedo decir que no creo en los cisnes. Puedo afirmar que me siento plena y sin remordimientos. Carlos es bastante mayor para mí. Bordea los 70, pero se mantiene muy bien. Su inteligencia y buen humor, cuando logra salir de la forma, son tan seductores que cedí por fin a su lamento. “¿Crees que tengamos alguna posibilidad?”, me decía con sus ojos brillosos, sabiendo que ya ha gastado casi todo lo que le queda de vida. Como si yo fuese la porción sublime para desatar todo lo que no desató antes de mi. Camilo es mi amigo. Mi gran amigo. Los dos tenemos las mismas carencias. Yo no tengo hijos. Él sí. Yo tengo problemas con Roberto y no tenemos proyecto. Él tiene problemas insolubles con Sofía, su esposa, pero jamás dejaría a sus hijas. Nos encontramos en la misma posición. Trabajamos juntos y nos reímos todo el rato. Pensamos continuar nuestro trabajo con nuevos proyectos hasta formar nuestra propia empresa y establecernos con algo seguro económicamente. Roberto nunca se decide a jugársela por algo o por alguien. Carlos se está separando se su señora. Dice que es por él. Ojalá. No sé si lo logre, el peso de la forma lo tira abajo y espera, como dije, que yo desate ese nudo que él ha querido amarrar como un agujero negro durante toda su vida. Camilo y yo viajamos mucho debido a nuestro trabajo. He conocido con él toda la potencia del mar del norte de Chile. Sus paisajes, su comida. Pienso comprar un terreno en alguna caleta del norte y habitarla en tiempos de paz. Roberto no parece entender que lo quiero. Carlos sabe que lo miro con cariño y que lo nuestro es un estado eterno de vacaciones. Camilo está atrapado en su miedo de dejar solas a sus hijas. Más bien en el miedo que Sofía las use para manejarlo. Prefiere el infierno cotidiano a largarse conmigo. Yo los abrazo. Como puedo. Y me consagro a besarlos o tirármelos sin remordimientos. Cada uno en su abismo, cada cual con su inmensa capacidad de amar.

jueves, 9 de octubre de 2008

Comedia Romántica

Siempre necesito un galán para mi comedia romántica. Los invento a la medida de mis sueños y privaciones. Algunos hombres juegan ese papel a la perfección -aunque aún no encuentro uno- mientras que otros buscan amantes a las que les venden ser su galán de comedia romántica o consumen pornografía y se afanan para extender su falo a la mayor cantidad de vaginas que puedan conquistar y penetrar. Esos me asustan. Aunque más me asusta saber que esa posibilidad existe y andar desconfiada por la vida buscando el amor. Si miro dentro de mi, bien adentro, sé que prefiero a los que regalan flores o me invitan a ver amaneces o atardeceres paseando de la mano por la playa. Soy mina al fin y al cabo. Mi amigo Roberto se ríe de mi. De hecho el fue quien me dijo que me gustaba armarme mis propias películas. Creo que es un resentido, que no sabe lo que es el amor. Se lo dije y se río aún más. “Antonia -me explicó-, los hombres adornamos los sueños de las minas que se arman su propia película, al final lo que pasa es que para la peli siempre se necesita al galán y en eso se pasan la vida ustedes, buscando al galán para su comedia romántica. Es como ir pasando y cachar cuál es el argumento que sueña la mina en cuestión. Lo demás lo ponen ustedes en su totalidad. Literalmente”. “Pero ¿a quien no le gusta soñar?”, le contesté. “A todos nos gusta, pero una cosa es soñar y otra montar el sueño en la realidad a toda costa, perdiendo justamente el centro del objetivo: amar. Porque al final terminan aferrándose al sueño, ese arquetipo de galán que en la cáscara parece ser todo lo que deseo y quiero, pero que en su concreto pellejo anda puro buscando tirárselas sin compromiso de por medio. Y bueno todo por un sueño mi querida Antonia”. “Eres un resentido, terminarás solo”. “Puede ser pero prefiero eso y tirarme a una mina que esté clara que no soy galán ni quiero serlo, y que no me interesan los compromisos, antes que repetir el amanecer en la playa que ya miré con mi primer amor, o proponer algunas frases recontadas que me saldrían de la boca sin un solo sentimiento de por medio. Antigalán, eso es, prefiero ser un antigalán a un personaje inventado por una mina adicta a las comedias románticas”. “¿Tu primer amor? –le interrumpí-, no creo que sepas qué es amar Roberto, con tu egoísmo no creo que puedas ver más allá de tus deseos y propio bienestar. Al principio quizá sea así, una se arma su película pero con el tiempo todo se aclara y si el galán es pura fachada lo llegamos a saber y aunque suframos finalmente llegamos a descubrir a la persona detrás del personaje y elegimos si seguir o no”. “Eso confirma lo que dije –se apresuró Roberto-, les gusta armarse la película, es un asunto algo vicioso, quizá es fisiológico ya que está demostrado que en el estado de enamoramiento se despliegan muchas hormonas que nos dan placer o nos hacen sentir placer, o a lo mejor simplemente es el vicio de la idea de la felicidad, no sé pero encuentro cínico tener que hacerse el interesante o andar leyendo las carencias de las minas para conseguir su conchita sabrosa…jajajajajaj”. “¡No seas pendejo, Roberto! Si fuese así no habrían parejas felizmente casadas o no existiría el amor de pareja, si no has tenido buenas experiencias amorosas es un problema tuyo, no de los demás”. “En eso estamos de acuerdo pero bueno, por puro sentido común sabrás que deben haber muchos más separados que felizmente casados, si el tema no es que hayan o no, sino que los hombres nos aprovechamos de esa debilidad que tienen ustedes para poder concretar sexo con mayor facilidad, eso es todo. Bueno, de ahí a que un compromiso nazca, demás que puede ser, lo único que digo es que no me interesa ese trámite”. “No tienes vuelta Roberto”, le digo furiosa mientras lentamente aparece en mi cara una sonrisa maliciosa y me pregunto porqué soy su amiga. Lo quiero, eso es todo, me respondo. Déjame soñar, Roberto.


Aquí reflexiones sobre el tema de mi amigo Roberto http://pastebin.ca/1223719